—Vamos, Diana. Solo déjame verlo. Mamá no se enojará.
—Se enojará —dijo ella convencida y tenía razón; solo que ya estaba enojada. Dimitri tenía tanta paciencia que era él quien lidiaba con esas cosas. Diana había ido a mi armario, tomó varias prendas mías y había trozos de telas por toda la casa; usaba unas tijeras sin puntas para hacer recortes, en su mayoría parte de las tareas del cole, pero… ¡dañar mi ropa no era lo correcto!
—Entonces solo tienes que pedirle disculpas y no volver a hacerl