Aquel día partí sin decirle nada a Teresa, sin fines de mentirle u ocultarle la verdad, sino porque esto era como un favor a Jorge; no me había comprometido con nada, más que a escuchar la oferta que ellos me darían.
Teníamos una vida muy estable, al igual que nuestro trabajo, una nueva casa y ella estaba más que feliz allí, ocupada con sus cosas y los preparativos de la boda.
Decirle que estaba viendo otras ofertas de trabajo era alarmarla mucho sin necesidad; no le gustaban los cambios brusco