Habían pasado cuatro meses desde que abandoné aquella casa y ahora ya estaba oficialmente divorciada de Gabriel por mutuo acuerdo. Los niños no fueron un problema, él aceptó todo lo que dije, podía visitarlos en las tardes y tener un fin de semana por turnos.
No me sentía feliz, no podía decir que luego de todo eso me sentía bien o feliz, seguía llorando al acostarme, seguía triste y una parte de mí, el lado izquierdo de mi pecho se sentía frío, helado y adolorido.
Ya no estaba casada con el ho