Sentí una opresión en el pecho al ver el documento. Sin pensarlo mucho, fui hacia Esme y se lo quité para revisarlo, queriendo ver cuánto había gastado Irene en ese imbécil.
—Oye, eso es personal —intentó protestar Irene, con la voz un poco ahogada—. No tienes derecho a revisar mis cosas personales.
—Irene, ¿por qué le enviaste todo este dinero? —le pregunté, levantando la vista del documento para mirarla a los ojos—. Es muchísimo. ¿Gavin lo sabe?
—No, y por favor no se lo digas —me suplicó, las