—¿Dónde está mi bebé...? —susurró, su voz delataba que estaba agotada.
Levantó la cabeza y frunció ligeramente el ceño, haciendo una mueca de dolor. Estaba sufriendo, así que le puse una mano en el hombro, tratando de hacer que se calmara y se moviera despacio.
—Cariño, has estado durmiendo durante las últimas 24 horas, así que tienes que tomártelo con calma. Déjame ir a buscar a Eliza.
No discutió conmigo, lo cual, para ser sinceros, me sorprendió.
Sin embargo, no perdí tiempo y salí corriendo