Sonreí mirándolo y me acurruqué aún más contra él.
—Menos mal que no vino entonces —dije en voz baja—. Si siguen en contacto, significa que aún alberga esperanzas de que regrese por ella. La tiene en sus manos, y hará lo que él quiera.
Me estremecí ante la idea.
—Tendrá que pasar por encima de mi cadáver —dijo Gavin entre dientes—. No dejaré que ese cretino tenga a mi hija.
—Y por eso te amo —dije, besando su mejilla.
Frunció el ceño al mirarme.
—¿Porque me niego a que Chuck gane? —preguntó.
Solté una risa suave.
—No, porque eres un hombre extraordinario y un padre admirable —repliqué.
Presionó sus labios contra los míos, y me derretí en el beso.
—Cuando esto termine… una vez rota la maldición que pesa sobre Irene y esté libre de ese imbécil, quiero que nos casemos.
Parpadeé.
—Nuestra boda será en un par de meses —le recordé.
Asintió y me atrajo más cerca, hasta casi sentarme en su regazo.
—Sí, pero deseo anticiparla —respondió, rozando los labios en mi sien—. Quiero adelantar la boda.