Gavin tomó mi rostro entre sus manos, obligándome a mirarlo. El calor de sus dedos se filtró en mi piel y se extendió por todo mi cuerpo, hasta la punta de los pies.
—No tienes que demostrarle nada a nadie para ser una buena Luna —murmuró—. Ya lo eres. Eres una mujer increíble y estoy muy orgulloso de ti. Yo hablaré con Olivia. No quiero que cargues con esto, déjamelo a mí.
—No —respondí enseguida—. Puedo manejarlo. De verdad, no es tan grave. Y necesito hacerlo, quiero demostrarme a mí misma qu