La sentía frágil, con el cuerpo tenso bajo mis brazos.
—Hablé con uno de ellos —le dije en voz baja, apoyando los labios en su cabello—. Vinieron por ti.
Sentí que todo su cuerpo se crispaba. Alzó la mirada despacio, con los ojos llenos de inquietud.
—¿Por mí? —susurró—. ¿Por qué? ¿Por qué vendrían hasta aquí por mí?
—Alguien les dio tu ubicación —respondí, abrazándola más fuerte, como temiendo que se me escapara—. Saben exactamente dónde vives.
El latido bajo mi palma se aceleró, así que la apreté con más fuerza.
—No tengas miedo porque no se van a acercar a ti —dije con firmeza—. Te lo juro por mi vida, no voy a permitir que te toquen.
Recorrí su cabello oscuro con mis dedos, intentando transmitirle calma.
—¿Que pasó con Irene y Matt? —preguntó de pronto, con la voz quebrada—. ¿Están bien? ¿Los revisaste?
—No vinieron por ellos —le aseguré—. De todas formas, mandé a Erik con ellos. Están a salvo, nuestra familia está a salvo.
Soltó el aire despacio, aunque su cuerpo no terminaba de r