—¿Escuchó todo? —pregunté, sintiendo que el pecho se me cerraba.
Cora asintió.
—Sí... —respondió en voz baja—. Me acusó de haber arruinado su vida. Estaba herida, furiosa, y me dijo que merecía pudrirme en el infierno por lo que había hecho. Después me dijo que, si ese bebé era tan poderoso, podría devolverle todo lo que había perdido. Me aseguró que guardaría mi sucio secreto sin contárselo a mi hermano o a las personas más cercanas a mí... y que quizá algún día, incluso me perdonaría... si le entregaba ese bebé.
—¿Y aceptaste? —pregunté.
Asintió.
—Fui egoísta y estaba desesperada por evitar que mi hermano supiera que yo era la razón por la que nos quedamos sin padres —admitió—. Además, quería el perdón de Ivy... aunque nuestra amistad había quedado destruida desde aquella noche, acepté. Mi abuela me dijo que el bebé con ese poder sería la tercera en nacer, que sería una niña. Así que Ivy aceptó esperar hasta que esa bebé naciera para volver a aparecer en mi vida. Para entonces, ella