—¿Escuchó todo? —pregunté, sintiendo que el pecho se me cerraba.
Cora asintió.
—Sí... —respondió en voz baja—. Me acusó de haber arruinado su vida. Estaba herida, furiosa, y me dijo que merecía pudrirme en el infierno por lo que había hecho. Después me dijo que, si ese bebé era tan poderoso, podría devolverle todo lo que había perdido. Me aseguró que guardaría mi sucio secreto sin contárselo a mi hermano o a las personas más cercanas a mí... y que quizá algún día, incluso me perdonaría... si le