Punto de Vista de Judy
Nan entró a la villa como si fuera suya.
Adam, nuestro mayordomo, ya estaba acostumbrado; apenas rodó los ojos al ver que pasaba, por lo que Nan le regaló un guiño y un saludo con la mano antes de dirigirse al salón trasero, donde Irene y yo estábamos sentadas.
La vi caminando desde la entrada hacia nosotras, y no pude evitar que una sonrisa enorme me iluminara la cara.
Nan había estado tan ocupada entre su restaurante y las tareas de la manada que casi no podía verla, así