—Los vestidos de dama de honor —dijo Nan con una sonrisa satisfecha—. Pensé en algo no tan llamativo para no quitarle protagonismo a la novia. Es sencillo, cómodo y...
—No va a funcionar —la interrumpió Irene, frunciendo el ceño—. Esta es una boda Landry, así que la gente espera grandeza, brillo, lujo. No podemos usar algo tan mediocre como esto. Mejor déjame encargarme de los vestidos, y tú te ocupas del menú.
Nan torció la boca.
—Soy la dama de honor. ¿No debería encargarme de estas cosas? —pr