Dejó escapar un gruñido bajo, sus dedos enlazando la delicada tela. Antes de que me diera cuenta de lo que pasaba, el hilo dental fue arrancado de mi cuerpo de un tirón y lanzado al otro lado de la cocina.
jadeé al romper el beso, mirando sus ojos oscuros y llenos de lujuria.
—Oye, esa era mi tanguita favorita —protesté, un poco dolida de que me rompiera la ropa interior sin mi permiso.
—Te compraré mil más —dijo mientras sus labios seguían el camino hasta mi nuca. Dejó un beso suave justo donde