Lo miré, tratando de analizar su rostro.
—¿Por qué las sorpresas repentinas? —le pregunté—. ¿Por qué ahora?
Me estudió por un momento.
—Me di cuenta de lo que casi perdí. —Parpadeé mientras extendió su mano para tocar la mía, sus dedos rozando los míos. —No voy a cometer ese error de nuevo. Te lo prometo.
Ignorando el aleteo en mi corazón, fijé mi atención en mi comida. Comimos mayormente en silencio; siguió robando miradas hacia mí, y seguí suprimiendo mi sonrisa. Aún estaba molesta con él por