—Necesito ver a Rachel Barron —me encontré diciéndole a la enfermera del mostrador de recepción.
Ella escribió algo en su computadora y luego me miró.
—Está en la habitación 303. Puedes usar el elevador e ir a la derecha.
Asentí en agradecimiento, ya no confiando en mi voz. No estaba segura si era una buena idea hacer esto sola; no le dije a Nan que venía aquí, y ciertamente no le dije a Irene.
Subí al elevador y esperé con la respiración contenida a que las puertas se abrieran de nuevo. Una vez