—¡Judy, Nan!
Escuché una voz familiar diciendo desde el otro lado del salón estudiantil y cuando miré, mis ojos se agrandaron.
—Santa mierda, realmente está aquí —respiró Nan, sus ojos fijos en Sammy que caminaba hacia nosotras con una sonrisa brillante en sus labios.
—¿Sammy? —pregunté una vez que finalmente se acercó.
—Es tan bueno verlas a ambas —dijo Sammy, sentándose en el asiento frente a mí—. Espero no estar interrumpiendo.
—Para nada —le dije—. Solo estamos sorprendidas de verte aquí par