—Lo siento —dije, dándoles a ambos una pequeña sonrisa—. No quise hacerlos esperar.
—¿Está todo bien? —preguntó mi madre, sus ojos brillando con preocupación.
Sonreí, aunque fue forzado.
—Sí —le dije—. Había una fila muy larga para el baño.
Odiaba mentirle, pero no quería que supiera que había tenido un altercado con un Landry. Sin embargo, mi madre no parecía creer la mentira y me estudió durante un largo rato antes de asentir y recostarse en su asiento.
—Deberíamos comer antes de que nuestra c