De repente no podía soportarlo más; no estaba seguro si era por mi encuentro con los paparazzi, o el hecho de que Judy me estaba mirando como si hubiera matado a su gato, pero no iba a quedarme parado y dejar que esto continuara.
Solo fue una jodida cena, y ella iba a verlo desde mi perspectiva. Antes de que pudiera protestar, agarré su muñeca. No lo suficiente para lastimarla, pero lo suficiente para dejar claro que vendría conmigo le gustara o no.
—Vamos —dije, jalándola de su asiento y forzán