—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunté, mirando entre él y Nan.
Nan tenía un ligero sonrojo en sus mejillas, y tuve que luchar para no sonreír.
—¿Qué crees que estoy haciendo aquí? —preguntó, alzando las cejas—. Me diste una dirección; ¿pensaste que no la usaría?
—¿No podías esperar hasta que regresáramos? —pregunté, cruzando los brazos sobre mi pecho. Aprobaba que estuviera aquí, pero al mismo tiempo, sabía que Nan vino aquí para escapar de él y tener algo de espacio.
Traté de medir su reacción,