—Sí —susurré con voz ronca.
—Buena suerte y recuerda, respira profundo y no saques conclusiones precipitadas. Deja que él explique primero antes de explotar. ¡Actualízame con todo mañana!
—Lo haré —le aseguré y luego colgué el teléfono.
Puse el teléfono en la mesita de noche y lo conecté al cargador antes de voltearme a mirarlo. Todavía permanecía en la entrada, estudiándome con el ceño fruncido.
—Irene dijo que no te sentías bien —me dijo—. Esta mañana estabas bien.
Asentí y me limpié las mejil