Raymond entró a la habitación poco después y le susurró algo a una de las criadas. Ella asintió y se fue con algunas otras hacia la cocina.
—Disculpen la demora. Ya va a empezar a traer nuestra comida —dijo Raymond mientras tomaba asiento en la cabecera de la mesa.
Fruncí el ceño.
—Pero aún no están todos aquí —dije, mirando alrededor de la mesa y notando que no quedaba ninguna silla vacía.
—Oh, ¿esperaba a alguien más, Alfa? —preguntó Raymond frunciendo el ceño—. No estaba al tanto. Su Beta no