Oliver se escapó a la sala de profesores, donde el resto de sus colegas se reunía a trabajar o a pasar el rato. Pensó que allí encontraría un poco de alivio a todo lo que sentía.
Eligió una mesa al fondo, lejos de todos y se sirvió una taza de café.
Aunque no tenía clases hasta después de almuerzo, aprovechó de que sus hijas estaban en la escuela para revisar exámenes pendientes y organizar su horario de trabajo.
El fin de semana tenía que salir con las niñas. No quería defraudarlas, mucho meno