Meses después
—Apúrate, Arlette, se nos está haciendo tarde —me quejo, mirando hacia el piso de arriba, donde mi esposa sigue arreglándose para nuestra cita con la obstetra.
—Ya voy. Para ti es fácil porque no estás cargando otro ser en tu vientre, puedes moverte con total libertad, en cambio, yo debo de hacer todo con más cuidado —me riñe, bajando por la escalera y mirándome con el ceño fruncido.
—Sí, lo sé, pero ya es tarde —la apremio, tomando su bolso.
—Tú lo que tienes es prisa por saber q