Sin dejar de sonreír llego a la oficina y después de acomodarme en mi asiento, recibo una llamada de Arlette informándome que pudo concretar una cita con Luca para la hora del almuerzo, por lo que nos ponemos al corriente con nuestros pendientes.
Después de varias llamadas y revisar algunos presupuestos, la puerta de mi oficina se abre con gran estrépito y sin necesidad de levantar mi rostro, sé que se trata de mi amigo, es el único que podría entrar de esa forma.
—¿No te han enseñado a tocar?