—¡¡Liam!! —escucho el grito de Arlette, proveniente del baño, suprimo una carcajada y sin pedirle permiso abro la puerta.
—¿Qué sucede?
—¿Cómo que, qué sucede? —se queja con las mejillas infladas—. Me dejaste marcas en la piel.
—¿Dónde? Yo no veo nada —respondo, haciéndome el desentendido y dándole un rápido vistazo a su cuerpo.
—¡Aquí! —chilla, abriendo su bata y señalando una parte de sus senos, donde se aprecia una gran marca roja.
—Yo lo único que veo son dos hermosas y poderosas razones pa