Vuelvo al dormitorio para inspeccionar a mi mujer. A pesar de que hay un equipo vigilando el apartamento durante las veinticuatro horas del día, no me confío. La encuentro dormida, así que extraigo la pistola de mi cintura y la guardo en el cajón de la mesita de noche, antes de que ella la note. No quiero asustarla y que se preocupe por ello, no está en condiciones de recibir más sorpresas que puedan afectar de manera negativa su embarazo.
Su cuerpo desnudo está enredado entre las sábanas y su