―Cariño, despierta, estamos a punto de aterrizar.
Ni siquiera me di cuenta de que me quedé profundamente dormida sobre su pecho, respirando el aroma de su perfume mezclado con el natural y fascinante olor de su cuerpo.
―Lo siento ―le digo al bajar de su regazo sobre el que, sin darme cuenta, terminé sentada―. Caí vencida por el cansancio.
Sonríe, antes de inclinarse y dejar un beso en mis labios.
―Me satisface que por fin hayas podido descansar.
Pronto me doy cuenta de que debo estar con lo