Media hora después, tocan a mi puerta.
―Vicky, soy yo, ábreme por favor.
A escuchar su voz comienzo a sentir ese cosquilleo característico que se desata en el fondo de mi estómago al ser consciente de su presencia.
―La puerta está abierta.
Le indico mientras doy los últimos retoques a mi maquillaje. Me vuelvo a mirar en el espejo y repaso las manos por el contorno de las curvas de mi cintura, porque lo que veo en la imagen me deja satisfecha.
―Quieres beber algo, cariño.
Estoy tan nerviosa