82. NO TE DEJARÉ IR ESTA VEZ
NARRADORA
El cabello dorado hasta los hombros le cosquilleaba en el rostro, sus mejillas sujetas sobre esas callosas manos.
Se sentía tan correcto, era tan hermoso, como el rayo del sol al atardecer.
Su boca fue lamida eróticamente, su labio superior chupado y una lengua dominante entró a enredarse con la suya, a devorarla profundamente, a saquear su voluntad.
Las manos de ese hombre la estrecharon contra la dureza de su cuerpo, inclinado sobre su baja estatura.
Lucía tan pequeña frente