119. MI VERDADERA MATE
NARRADORA
Una hora después, en alguna parte intrincada de la arboleda en las montañas, la respiración agitada de la loba corriendo irrumpía la quietud de la noche.
Le dolían los pulmones, las patas en carne viva, pero no podía detenerse porque detrás de ella venía un depredador sanguinario.
La loba de Winifred llegó a un punto donde fue imposible avanzar.
Jadeó pesadamente cuando cayó revolcada en la tierra por haber tropezado con unas raíces.
Aun así, se giró con los caninos afuera, dis