105. LA LLEGADA DE UN VIEJO ENEMIGO
AVA
—¡NO! ¡NO! —grité como loca con la sangre aún goteando en el suelo.
Apenas y podía mover los brazos, el dolor más allá del entumecimiento.
Mi loba aullaba con rabia, intentando ayudarme, pero estas cadenas parecían especiales.
Sin embargo, cuando lo vi recitando unos encantamientos y de nuevo con la daga sobre su pecho, al fin algo se activó en mi interior.
“¡Ava, no voy a resistirme más!”
Saphir gritó, saltando a las llamas de calor que se prendían en una parte de mi alma.
El miedo siem