Capítulo 90. Markos.
Me detuve en seco.
Los Bersakers éramos resistentes a muchas cosas, pero nadie se reponía de tener los sesos pegados a la pared.
La humana sonrió.
—Así es, monstruo. Te quedas quieto o averiguamos cuántos tiros recibes antes de que siquiera puedas decir “florecita”.
—Algo extraño para decir en esta situación, humana —comentó el halcón, con un deje de disgusto.
Ella agitó el otro brazo, el que no sostenía la pistola, restándole importancia al comentario del ave.
Coincidía con él. Mucho.
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