Capítulo 89. Markos.
Una pena —murmuré—. Entonces… ¿me matarán?
El silencio que siguió fue denso, incómodo.
—No —respondió al fin el halcón—. Aún no.
—¿Aún no? —arqueé una ceja—. Qué alivio.
No le causó gracia.
—¿Qué es lo que haces para tus jefes? —preguntó.
—Entreno a sus nuevos reclutas.
La humana soltó una risa corta, incrédula. La miré directamente, pero fue el halcón quien explicó la broma, sin una pizca de humor.
—Lo haces muy mal —dijo—. No pueden salvarse ni a sí mismos. Supongo que alguien también les ens