Volteo a verlo y noto que trae una camisa oscura desabrochada de arriba con unos pantalones ajustados que capta mi atención, haciendo que me quede embobada por un momento al notar ese bulto en medio de sus piernas dejo de ver eso, y al subir me encuentro con su expresión seria a la vez un sonrisa media macabra. Que me ayuda a regresar a la realidad; mantengo la calma y recuerdo lo que mi prima me acaba de decir.
—Buenos días, señor Adriano —le saludo con amabilidad.
—Buenos días, Mia —respo