LÍA
Por un momento no supe si gritar, reírme o aplaudirles la creatividad. El reflejo de la pantalla me iluminaba el rostro, congelando el aire de la sala. Ahí estaba yo, en todas las poses posibles de burlesque, bajo el foco del Sport Club, rodeada de lentejuelas, tocados brillantes y tacones, mi vida privada expuesta como si fuera parte de un maldito PowerPoint motivacional. Todo lo que había construido, el esfuerzo, la reputación, reducido a un puñado de imágenes y miradas cargadas de juicios