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Quizá, su estómago le rugía, pero con toda sinceridad, prefería comérsela a ella que al almuerzo. Su breve sonrisa se incrementó mientras pensaba y de repente, la idea de que el estúpido de Ethan todavía se encontrase abajo, lo encendió

—Serena, espérame —indicó Daniel, moviéndose de su habitación hasta las escaleras con prisa y encontrándolo en el tercer peldaño.

Cuando su prima se giró para verlo, sintió que algo se rompía en su interior. Su cabello cayéndole, sus ojos tintineándole con dulzu
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