Las lágrimas empezaron a acumularse en la esquina de sus ojos y Serena inhaló dolorosamente, llevando el dorso de su mano hasta su nariz, que lucía enrojecida y húmeda, mientras Daniel se acercaba un tanto más hacia ella, casi luchando contra los impulsos de correr a estrecharla entre sus brazos y aprisionar sus labios con fuerza.
—Créeme que me dolió en el alma cada palabra que te dije, porque ninguna de esas fue verdad, ¡absolutamente ninguna de esa basura fue verdad! No eres patética ni much