Samantha se dio cuenta que algo pasaba tan pronto entró en la galería. Leticia guardó rápido su celular y le dio una sonrisa algo exagerada. Su amiga no era la mejor para disimular.
—Jefa —saludó ella con la voz unas octavas más alto de lo normal.
—¿Qué es? —preguntó sonriendo divertida.
—Nada —respondió Leticia, demasiado rápido.
Su mañana no había sido la mejor, por cuarto día consecutivo se había despertado con náuseas y mareos. Al menos, ese día no había vomitado. Pese a que la noche anteri