Isabel García
La mañana siguiente al encuentro en el bar, mis pies corrían hacia la oficina. No pude resistir la tentación de llegar antes de lo habitual; necesitaba soltar todo lo que traía atravesado en el pecho con María. Ella es mi cable a tierra, y después de lo que pasó con Nicolás, necesitaba una perspectiva fría, porque la mía estaba ardiendo.
A pesar de que tenía la mesa llena de pendientes, mi mente se negaba a soltar el recuerdo de anoche. Sentía todavía el rastro de sus labios y esa