Isabel García
El día había sido una molienda absoluta. La preparación para el caso de Brenda Contreras se estaba transformando en una carrera de obstáculos donde el tiempo era mi peor enemigo. Pero, más allá de las leyes y los expedientes, había un pensamiento intrusivo que me perturbaba los sentidos: el recuerdo del tipo de la biblioteca.
Era absurdo. No podía dejar de evocar aquel rostro atractivo pero cargado de una arrogancia que me daba urticaria. Su actitud altanera, esa forma de mirarme