Isabel García
El silencio que se instaló en el despacho después de que terminó su "desayuno" fue abrumador. Me quedé media acostada sobre la caoba, con una de mis manos tapando mis labios y el pecho subiendo y bajando a mil, mientras sentía los últimos espasmos eléctricos de ese doble orgasmo debilitarse en mi vientre. Mi cuerpo todavía continuaba temblando bajo su fijeza. Tenía la piel encendida, pegajosa por el rastro del dulce y completamente expuesta ante él.
Ahí estaba la realidad, de golp