Isabel García
Me encontraba en la oficina, sepultada bajo una montaña de documentos del caso Contreras, cuando María entró rapidamente. No traía café ni expedientes; traía el teléfono en la mano y una cara de haber visto a un muerto.
—Isabel, tienes que ver esto. Ahora mismo —soltó, plantando la pantalla frente an mis ojos.
Era una entrevista en vivo. Alfonso Villarreal, con su acostumbrada cara de pocos amigos y ese aire de "soy el dueño del mundo", respondía a un reportero. Pero no fue él qu