ÉL gruñó ante su toque, con sus caderas moviéndose espasmódicamente.
—Todo tuyo, nena. Todo para ti. —Empujó hacia adelante, presionando la cabeza de su miembro contra la entrada húmeda de ella. Estaba estrecha, increíblemente estrecha a pesar de su tamaño. Sus músculos se contrajeron a su alrededor, haciéndolo jadear.
—Oh, Dios, estás tan estrecha —gruñó él, presionando un poco más fuerte.
Ella gimió, con el cuerpo tensándose.
—Ha pasado mucho tiempo, Leo. Sé gentil.
Él asintió, con los ojos f