Sus ojos se oscurecieron mientras se inclinaba para murmurarle al oído. —Para decírtelo todo, nena —dijo en voz baja, con un murmullo ronco—. Para tocarte... Para perderme en toda esta suavidad.
Sus dedos se movieron lentamente desde sus brazos hacia sus hombros, y luego hacia la curva de su cuello. Sintió el calor que emanaba de ella, el puro volumen de su cuerpo presionando contra él, incluso a través de la ropa. Era todo lo que había imaginado y más.
Ella se estremeció y todo su cuerpo temb