La Fundición Vieja no era solo una fábrica; era una cicatriz abierta que descendía hasta las raíces térmicas de Argentia. En los tiempos de la Malla, este lugar funcionaba con la precisión de un reloj atómico, pero ahora, bajo la influencia de Silas, se había transformado en un útero de metal y pesadilla. El calor era tan intenso que el aire vibraba, distorsionando las sombras de las vigas colosales que sostenían el techo abovedado.
Julian Vance encabezaba la marcha. Cada paso le costaba un esf