88. Jugando con fuego
—Permítanme, mis princesas —Richard hizo una inclinación exagerada al apartar las sillas para que se sentaran, provocando que Emma celebrara divertida, imitando gestos refinados con sus pequeñas manos extendidas como una bailarina.
Isabella se sentó, conteniendo una sonrisa genuina ante la escena. La brisa marina agitaba el mantel blanco mientras los empleados servían el almuerzo en la cubierta del yate.
Para su sorpresa, Richard no mencionó el encuentro en el camarote. Durante el almuerzo, man