78. Despertar
El Audi olía a cuero, pero la tensión en el aire sofocaba más que el espacio cerrado. Nathan conducía por calles desiertas. Sus ojos se desviaban constantemente hacia ella, catalogando cada marca visible en su rostro.
La mordida en su cuello, un mapa rojizo de dientes y rabia, le hacía apretar la mandíbula hasta que sus muelas crujían. Pero las marcas rojas en sus muñecas le revolvían el estómago: huellas recientes de ataduras, de sometimiento.
La vio encogerse cuando tomó una curva demasiado