75. Frenesí
Isabella observó a Nathan seguir a Sophia hacia el privado. Sus dedos se cerraron sobre el vaso con tanta fuerza que temió romperlo. El whisky ya no le quemaba la garganta después de tantas copas, pero el dolor en su pecho era insoportable.
Dio un paso para seguirlos y enfrentarlo, pero la mano de James en su brazo la detuvo.
—Querida —le sonrió con falsa dulzura—, en nuestro mundo hay que saber escoger las batallas. Las mujeres inteligentes no se humillan en público.
La risa de una mesera a su