76. Sin control
El teléfono vibró cuando Nathan cruzó el umbral de la mansión. La rabia le nublaba el juicio; ni siquiera recordaba a qué guardaespaldas le había arrebatado el auto. La voz de Mario sonó tensa al otro lado.
—Jefe, encontramos la señal del teléfono de su novia —hizo una pausa demasiado larga— en el Ivy Club.
Se detuvo, sintiendo que sacaban todo el oxígeno de su pecho al recordar las palabras venenosas de Sophia cuando le dijo que muchos estarían encantados de mostrarle lo cruel que podía ser su