29. Contigo o sin ti
La mañana se había instalado en la villa con una calma que le resultaba insoportable. No durmió nada, así que se levantó del sofá, incapaz de mantener quietas las manos. Sus pasos la llevaron hasta la ventana, pero ni siquiera la vista logró distraerla de la culpa que le consumía. Sus ojos volvían una y otra vez al teléfono, y con él, al recuerdo de la furia en el rostro de Nathan cuando descubrió que contactó a alguien.
—Sara siempre estuvo ahí para mí —murmuró, apoyando la frente contra el cr