28. Caída Libre
Nathan apretó el acelerador, serpenteando por las calles desoladas de ese sector. Su mente era un torbellino de pensamientos contradictorios y eso no cambió aún cuando se adentró en la ciudad.
—Maldita sea, Elizabeth —murmuró, golpeando el volante—. ¿Por qué tienes que ser tan obstinada?
—Una cirugía. Es que no lo entiendo. Prefieres arriesgarte, arriesgarnos a todos.
Frenó con brusquedad frente a la casa de Sara Campbell. El vecindario estaba en silencio, demasiado tranquilo para su gusto. Baj